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Jesús, hijo de Dios, nacido de María

Breviloquium

Jesús, hijo de Dios, nacido de María

María evangelizada y evangelizadora

6 de agosto de 2023


          Las primeras comunidades cristianas que fueron surgiendo en los albores de la Iglesia primitiva, se fundaron como fruto de la predicación del misterio pascual de Cristo, es decir, por el anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el kerigma. Con todo, Jesús no ha venido a este mundo entre nubes, sino por medio de su encarnación en el seno de María, a quien eligió como su madre, como nos los revelará los análisis de los términos en griego.

          El Nuevo Testamento nos ha dejado pocas referencias sobre María, pero ella ocupa un lugar importantísimo en el misterio de la vida de Cristo. San Pablo ha escrito sus cartas para diferentes comunidades, y aunque no desarrolla de manera explícita el papel de María, ha dejado referencias que nos permiten aproximarnos al papel que ella ha desempeñado en la vida de Cristo, y que, por participación, también a todos los que conformamos el cuerpo místico de Cristo, termina beneficiándonos su presencia.

          Dos textos de san Pablo nos darán las pistas sobre el papel que María ha desempeñado en la vida de Jesús, así como su presencia en la predicación primitiva de la Iglesia, el kerigma. El primero de ellos, lo tomamos del himno a Cristo en su carta a los filipenses (2,6-11), donde apunta: «quien, siendo de condición divina, no consideró codiciable permanecer igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, asumió la condición de esclavo y se hizo [genomenos] semejante a los seres humanos» (2,6s). Aquí el término en griego que hemos puesto entre corchetes es el que nos interesa destacar.

          El apóstol Pablo ha dejado prenda de que Jesús ha existido como Dios, pero que, cuando vino a este mundo, se despojó de esa condición y se «hizo» hombre, es decir, nació como cualquier ser humano, mediante una mujer. La encarnación se da en el seno de María, su madre. La palabra griega genomenos, participio medio del verbo ginesthai, «nacer», la podemos traducir como «nacido». Por lo que Jesús, de acuerdo a san Pablo, ha «nacido» semejante a los hombres, esto incluye tener una madre humana, y ella sería sin lugar a dudas María.

          San Pablo continúa con esta idea, pero la desarrolla en un nuevo contexto, ahora en la carta a los romanos: «Este Evangelio se refiere a su Hijo, descendiente [genomenou] de la familia de David, según la condición humana [kata sarka], constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu santificador [kata pneuma hagiosynes], a partir de la resurrección de los muertos: ¡Jesucristo, nuestro Señor!» (1,3-4). Nos detenemos en las expresiones entre corchetes. La primera conecta con lo apuntado en el párrafo anterior; se refiere al participio medio en el griego, «llegado a ser» o «nacido», que vuelve a retomar la realidad implícita de la encarnación de Jesús en el seno de María.

          Por otra parte, hay una progresión en las expresiones que se refieren a Jesús; «según la condición humana» [kata sarka], es «descendiente de la familia de David». Con esto, san Pablo apunta la estirpe davídica de Jesús, san Lucas suscribe que José «era de la familia y del linaje de David» (2,4). Así, a nivel humano, queda demostrado que Jesús es de la estirpe de David, y que María lo concibe como tal por la paternidad de José. Sobre la concepción virginal de María, san Mateo es quien nos ofrece el testimonio de José con el Ángel del Señor que le dijo en sueños: «José, hijo de David, no temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo» (1,20). Con ello, se completa el cuadro que comenzó dibujando el apóstol Pablo.

          La expresión «según el Espíritu santificador» [kata pneuma hagiosynes], afirma la filiación divina de Jesús por la que es «Hijo de Dios». Para comprender mejor la expresión paulina, hay que entenderlo a la luz de otro texto: «el último Adán, en cambio, [se convirtió] en ser espiritual que da vida» (1 Cor 15,45). De esta forma, Jesús resucitado se ha hecho principio vivificador, que infunde nueva vida en los que lo aceptan como su Señor, y esto por virtud del «Espíritu santificador». En el medio de esta progresión, encontramos a María, que es la persona que Jesús ha elegido para hacerse humano, y exaltar lo humano a lo divino, por la acción del Espíritu Santo.

          Aquí podemos dar un paso importante, el papel de María es importante puesto que nos recuerda, por un lado la innegable humanidad de Jesús, pero por otro lado, su condición divina. Al mismo tiempo, ella, al concebir a Jesús, también nos ha concebido a nosotros, y nos llama a ser también conductos por donde la nueva vida llegue a otros, animados por el Espíritu santificador.

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