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Joseph Cardenal Ratzinger, guardián y maestro de la fe

Breviloquium

Joseph Cardenal Ratzinger, guardián y maestro de la fe

22 de enero de 2023



          Como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano, el cardenal Joseph Ratzinger fue reconocido por su manera implacable de defender la fe. Los titulares de los grandes diarios europeos lo llaman «guardián» o «maestro» de la fe (El País, La Razón). En The Daily Mirror, de origen británico, le nombran «El rottweiller de Dios». Su fructuosa labor de teólogo le lleva ahora a encabezar el organismo más importante de la curia romana.

          El Papa Juan Pablo II en 1981 lo nombra prefecto, y estará al frente de la congregación hasta el 2005 que es elegido Papa. Durante estos años, la serie de documentos que subrayaron su papel como guardián de la fe, alcanzaron tanto a destinarios individuales como colectivos. Así mismo, como maestro de la fe, escribe instrucciones con diferentes temáticas, para dar luz a algunos aspectos de la teología y práctica cristiana. En esta exposición sucinta, consideramos únicamente tres que tuvieron una especial repercusión.

          Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación» – Libertatis nuntius (6 de agosto de 1984). El fin de este documento queda bien explicitado en la Introducción: «atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista». La Teología de la Liberación en sentido abstracto no queda desacreditada. El Papa Juan Pablo II en la encíclica Centesimus annus (1 de mayo de 1991), reafirma, evocando esta Instrucción, «la positividad de una auténtica teología de la liberación humana integral» (26).

          El cardenal Ratzinger sale de esta forma a hacer frente al uso utilitario de los pobres para abanderar opciones partidistas o económicas que, en realidad, no tienen nada que ver con una verdadera teología de la liberación, la cual libera del pecado y de la esclavitud de la ley y de la carne.

          Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación – Donum vitae (22 de febrero de 1987). Los terrenos de la moral católica, específicamente en los de la bioética, ven nuevas luces con esta Instrucción. La cuestión que se plantea resolver es «si las técnicas biomédicas que permiten intervenir en la fase inicial de la vida del ser humano y aun en el mismo proceso procreativo son conformes con los principios de la moral católica». La respuesta del documento, por tanto, busca «ofrecer, a la luz de la doctrina precedente del Magisterio, una respuesta específica a los problemas planteados» (Preámbulo).

          Con esta intervención del Magisterio por parte del cardenal Ratzinger, se ofrecen los criterios del Evangelio para el discernimiento en las intervenciones sobre los embriones humanos. De tal manera que la práctica de la fe cristiana en los inicios de la vida, quede bien esclarecida, y no haya equívocos en cuanto a prácticas de procreación cristiana.

          Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia – Dominus Iesus (6 de agosto de 2000).  Esta declaración en los albores del siglo XXI, se ofrece a la Iglesia «para llamar la atención de los Obispos, de los teólogos y de todos los fieles católicos sobre algunos contenidos doctrinales imprescindibles, que puedan ayudar a que la reflexión teológica madure soluciones conformes al dato de la fe, que respondan a las urgencias culturales contemporáneas» (3).

          Cierto es que para muchos resultó una declaración políticamente incorrecta, pero que dadas las circunstancias históricas, era necesario volver a recordar el dato de fe que la Iglesia está llamada a comunicar a todos los pueblos y a todas las generaciones; sobre todo, la verdad de Cristo y su Iglesia, para conocerla, abrazarla y practicarla.

          Una vez más, la invitación es a leer y estudiar estos documentos. La producción en materia de fe que, como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, legó a las generaciones siguientes es de una incalculable riqueza. Sin duda alguna, Ratzinger nos enseña qué y cómo es un verdadero católico, un verdadero cristiano.

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