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Un camino para la Nueva Evangelización

Breviloquium

Un camino para la Nueva Evangelización

29 de mayo de 2022



          San Juan Pablo II llamó a la Iglesia a Nueva Evangelización: «Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión». El Papa Benedicto XVI, por su parte, atendiendo a este llamado, crea en 2010 el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con el cual busca renovar la evangelización principalmente en aquellos países donde se ha dado un “eclipse de Dios”. La llegada de Francisco a la sede petrina, representó para la Iglesia un impulso grande a esta tarea.

          Inspirado en el mandato misionero de Jesús, llama a «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Evangelii Gaudium 20), motivo por el cual, nos presenta un método o camino en cinco pasos para que, siendo fiel al modelo del Maestro, «hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo» (EG 23).

          Como primer paso, el Papa apunta el «primerear». La comunidad evangelizadora reconoce la experiencia de haber sido amada primero (1 Jn 4, 10) «y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (EG 24). La consecuencia evidente es, sin duda, la de asumir una actitud diligente en el anuncio del amor de Dios a todos.

          De la misma forma, la comunidad evangelizadora sabe «involucrarse», es decir, «se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo»» (ib.). Los evangelizadores, así, adquieren el «olor a oveja» sin el cual estas no reconocerían su voz. El evangelizador no queda al margen, siempre está adentro permeando de la Buena Nueva toda estructura.

          Sin embargo, la comunidad evangelizadora no tiene la función de ser infiltrada, porque siempre se dispone a «acompañar» a la humanidad en sus procesos, así sean duros y largos. «Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites» (ib.). La comunidad, entonces, al igual que el Señor Jesús en el camino de Emaús, asume la actitud de acompañante.

          Todo este camino está llamado a «fructificar» porque el Maestro la quiere fecunda, está, por lo tanto, atenta a los frutos, cuidando el trigo sin perder la paz por la cizaña, evitando reacciones quejosas o alarmistas. Busca, en sentido positivo, que la Palabra se encarne en cada situación y de frutos de vida nueva, aunque sean en apariencia imperfectos. Así, el discípulo sabe jugarse la vida entera «hasta el martirio como testimonio de Jesucristo», pero buscando por sobre todo, que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora» (ib.).

          Por último, la Iglesia sabe «festejar». «Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización» (ib.), principalmente en la liturgia, la cual es fuente y culmen de toda actividad evangelizadora, esto sin menoscabar los festejos y celebraciones fuera del ámbito litúrgico.

          En conclusión, podemos observar un camino que el Papa Francisco ha trazado para que la actividad evangelizadora de toda la Iglesia, tenga un camino seguro por el cual transitar para alcanzar buenos frutos y, sobre todo, que la Palabra de Dios se encarne en la vida de todos aquellos que son alcanzados por el amor de Dios, por medio de la comunidad evangelizadora.

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