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Lógica material: condiciones para el pensamiento verdadero

Breviloquium

Lógica material: condiciones para el pensamiento verdadero

11 de septiembre de 2022


          El estudio de la Lógica se hace en cada época patente para desenmascarar los pensamientos falsos y erróneos, de aquellos que son verdaderos y correctos. Un cristiano del siglo XXI no solo sabe rezar y obedecer, también es alguien que está llamado a pensar, a desarrollar su capacidad lógica y a discernir la voluntad de Dios en su vida. Con todo, esto se hace aún más necesario en los casos cuando la mundanización quiere irrumpir en la fe y doctrina de la Iglesia; ahí sí que es crucial el desenmascarar aquellas ideas que se disfrazan de verdades inmutables y que deben ser asumidas al interior de la misma.

          Donde no se aprende a pensar, la ideología rápidamente encuentra un lugar fértil para echar raíces y crecer sin obstáculos. Por ello, a continuación, se presentan de manera somera las condiciones para el pensamiento verdadero, a saber: la verdad y sus propiedades, la certeza y sus grados, el conocimiento científico y sus métodos. Pretende ser una invitación para adentrarse al mundo del pensamiento correcto y verdadero.

          Si hablamos de formar un pensamiento no solo correcto y que cumpla las leyes de la lógica formal, si no también que sea verdadero, es necesario precisar qué se entiende por verdad. De manera clásica, la verdad se concibe como la adecuación del intelecto con la realidad, es decir, la verdad lógica. Sin embargo, el concepto verdad es analógico y puede tener otras dos aplicaciones. Así, la adecuación de las palabras con el pensamiento es la verdad moral; la adecuación de la cosa con su idea ejemplar es la verdad ontológica. De las tres adecuaciones, nos interesa la primera, la verdad lógica.

          A lo largo de la historia, encontraremos nociones equívocas y unívocas de la verdad desde el idealismo, sociologismo y pragmatismo. En el fondo, por una parte, se trata de posturas que buscan imponer cotas muy elevadas para afirmar la verdad de un pensamiento, deviniendo en un escepticismo continuo, o en cotas demasiado bajas, desembocando en un relativismo que diluye todo intento de afirmar un pensamiento como verdadero.

          Entonces, ¿qué propiedades debemos reconocer en un pensamiento para considerarlo verdadero? Describamos las cuatro propiedades clásicas. Un tratado de gnoseología precisará su contenido en profundidad, aquí solo las enunciaremos. Una es la unidad, que consiste en la coherencia entre las proposiciones, es decir, que cumpla el principio de no-contradicción. Otra es la indivisibilidad, la cual sostiene que la verdad no tiene grados, o una proposición es falsa o verdadera, no hay punto intermedio, es el principio de tercero excluido. Otra más es la inmutabilidad, que afirma que la verdad no evoluciona, solo el espíritu es el que progresa en el conocimiento de la verdad. Y la cuarta es la objetividad, que nos indica que es la mente la que se adecua a la realidad, y no viceversa.

          Ante la verdad, la mente puede estar en algún grado específico: certeza, duda, opinión y fe; pero cuando asiente a una proposición que no es conforme a la realidad, se produce el error. A medida que va avanzando en la obtención de evidencias, una verdad se hace más clara. La verdad se va descubriendo, no inventando.

          Con base en lo anterior, es posible construir un saber científico y, al mismo tiempo, diferenciarlo de otros tipos de saber. Por ciencia se comprende, el conocimiento cierto de las cosas por sus causas. El conocimiento científico posee tres propiedades: necesidad, universalidad y sistematización. Sin estas propiedades puede ser otro tipo de conocimiento, pero no el que exige la ciencia, y que lo diferencia de la mera opinión. Ya la manera de discurrir por medio de demostración, marca el método o camino que sigue la ciencia. La filosofía, por su parte, primero atiende a la experiencia sensible y en segundo momento al uso de la inteligencia. Cada ciencia de acuerdo a su objeto de estudio, delimitará el tipo de método a emplear.

          En síntesis, la verdad es el fin último que persigue la lógica; se requieren diferentes condiciones para que un pensamiento sea no solo correcto, sino verdadero. He ahí la exhortación a desarrollar un pensamiento lógico que nos permita construir nuevos conocimientos correctos y verdaderos. La Iglesia y la sociedad requiere de cristianos mejor pensantes, y he aquí un instrumento para mejorar nuestra manera de pensar: la Lógica.

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