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Iglesia evangelizada y evangelizadora

Breviloquium

Iglesia evangelizada y evangelizadora

19 de junio de 2022



          La identidad de la Iglesia se cifra en su quehacer evangelizador, su vocación propia y su dicha la encuentra en «predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa» (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 14). En nuestra realidad pastoral encontramos este gozo, esta dicha, esta vocación y esta identidad, muchas veces apagada e incluso perdida.

          Un brevísimo análisis puede aportar algunas pistas para encontrar las causas de este estancamiento o pérdida de identidad en que muchas comunidades eclesiales se pueden encontrar. El análisis será desde el Magisterio Latinoamericano, y las propuestas se tomarán tanto de este Magisterio como del Universal. Con esto en mente, perfilar una Iglesia que acoge el evangelio y lo anuncia gozosamente.

          Han sido los documentos de Medellin (1968) y de Aparecida (2007) quienes han puesto como una de las causas de la falta de una «pastoral evangelizadora», la presencia de una «pastoral de conservación», la cual está «basada en una sacramentalización con poco énfasis en una previa evangelización» (Medellín 6,1). De aquí que Aparecida insista en una «conversión pastoral» de las comunidades, donde pasen «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera» (370). Insistencia que adquiere un eco para toda la Iglesia, a través del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium (2013), numeral 15.

          Para lograr esta «conversión pastoral», Aparecida marca un programa de tres objetivos a cumplir: 1) tomar la firme decisión misionera que debe impregnar «todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia»; 2) Evitar las excusas en las comunidades para «entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera»; y 3) «abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe» (365). Con esto, se puede vislumbrar la preocupación de la Iglesia Latinoamericana en dar un cambio profundo a la manera de hacer pastoral.

          Es verdad, como también lo lamentan los obispos en Aparecida, que hay «algunos intentos de volver a un cierto tipo de eclesiología y espiritualidad contrarias a la renovación del Concilio Vaticano II» y «algunas lecturas y aplicaciones reduccionistas de la renovación conciliar» (100). Pero lo más importante no es quedarse en las sombras, sino encender cada vez más luces que hagan brillar a la Iglesia, es decir, pasar a una «pastoral evangelizadora».

          Para dar este paso importante, la Iglesia debe ser evangelizada, comenzar «por evangelizarse a sí misma», acoger primero el mensaje de la Buena Nueva. Como comunidad cristiana «tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor… necesita saber proclamar "las grandezas de Dios", que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por El» (EN 15), solo en la conversión y renovación constante la Iglesia se evangeliza y esto la hace anunciar el Evangelio al mundo de manera creíble.

          De esta forma, la acción evangelizadora comenzada por Cristo Jesús se prolonga por medio de la Iglesia que es su Cuerpo, ya que la «Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan» (EG 24). Aquí es oportuno señalar que esta tarea, los laicos, «por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo» (Juan Pablo II, Christifideles laici, 33). Responsabilidad, por tanto, que Jesús, por medio de la Iglesia, nos encomienda.

          En conclusión, una seria «conversión pastoral», hará posible pasar de una «pastoral de conservación» a una «pastoral evangelizadora», que haga que la Iglesia este permanentemente evangelizada y que esto lo lleve a ser evangelizadora, con alegría propia que otorga el Evangelio vivido en comunidad.

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